de Brian Friel
de Tom Kempinski

Esta PLATAFORMA invita a participar y compartir este punto de encuentro a creadores y espectadores en torno al hecho teatral.
En el vídeo vemos a Juan Pastor ensayando en 2011, su versión de la novela de Chéjov TRES AÑOS en el Teatro Guindalera. Con Raúl Fernández, María Pastor, Alicia González, José Bustos y José Maya.
Aunque la Compañía Guindalera cesó su actividad en 2025, esta PLATAFORMA GUINDALERA permanece abierta para mantener vivo nuestro admirado CLUB DE ESPECTADORES, informando de los nuevos avatares que emprenden unos y otros.
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Más información: teatro@guindalera.com

Partiendo de la última revisión de la obra modificada por el mismo Kempinski, hemos querido poner el acento en el desarrollo de la acción entre paciente y terapeuta, en el tratamiento de lo que, posiblemente, será la dolencia más común del ser humano en los próximos años: la depresión y sus consecuencias.
Posiblemente más del 25% de la población adulta actual, en algún momento de su vida ha consumido algún tipo de antidepresivos. ¿Cuáles son sus causas? El mundo moderno ha cambiado, ya no nos sirven las medicinas que nos vendían para los remedios del alma enferma, porque lo único que consiguen es agravar la enfermedad que padecemos.
Los descubrimientos más sorprendentes, como el mundo de la cuántica y el dominio de la técnica, nos han colocado en un mundo enteramente nuevo, y más que nunca el ser humano necesita encontrar nuevos propósitos para seguir en este universo absurdo. Los propósitos o razones que nos habíamos dado durante siglos ya no nos sirven.»
«La protagonista de la obra, Stephanie, encontró un verdadero propósito en su música, pero ese propósito desaparece en un cierto momento para siempre, suponiendo una profunda pérdida para ella y quebrándose su valor para enfrentarse con la vida. Sin embargo, vivir quiere decir evolucionar y es posible que ella sea capaz de entrar en otra dimensión más allá de las coordenadas que nos hemos trazado los humanos hasta ahora. Posiblemente el final quede abierto ante el espectador activo, pero también puede que quede en el aire la siguiente pregunta: “¿qué pasaría si repentinamente nos encontráramos en un mundo carente de toda actividad artística?” ¿Si tal cosa ocurriera, que pasaría?»

Partiendo de la última revisión de la obra modificada por el mismo Kempinski, hemos querido poner el acento en el desarrollo de la acción entre paciente y terapeuta, en el tratamiento de lo que, posiblemente, será la dolencia más común del ser humano en los próximos años: la depresión y sus consecuencias.
Posiblemente más del 25% de la población adulta actual, en algún momento de su vida ha consumido algún tipo de antidepresivos. ¿Cuáles son sus causas? El mundo moderno ha cambiado, ya no nos sirven las medicinas que nos vendían para los remedios del alma enferma, porque lo único que consiguen es agravar la enfermedad que padecemos.
Los descubrimientos más sorprendentes, como el mundo de la cuántica y el dominio de la técnica, nos han colocado en un mundo enteramente nuevo, y más que nunca el ser humano necesita encontrar nuevos propósitos para seguir en este universo absurdo. Los propósitos o razones que nos habíamos dado durante siglos ya no nos sirven.»
«La protagonista de la obra, Stephanie, encontró un verdadero propósito en su música, pero ese propósito desaparece en un cierto momento para siempre, suponiendo una profunda pérdida para ella y quebrándose su valor para enfrentarse con la vida. Sin embargo, vivir quiere decir evolucionar y es posible que ella sea capaz de entrar en otra dimensión más allá de las coordenadas que nos hemos trazado los humanos hasta ahora. Posiblemente el final quede abierto ante el espectador activo, pero también puede que quede en el aire la siguiente pregunta: “¿qué pasaría si repentinamente nos encontráramos en un mundo carente de toda actividad artística?” ¿Si tal cosa ocurriera, que pasaría?»